Mar de Fuego.
El cielo que nos circunscribe al círculo de vida suele hablarme a modo de poesía, con sus tonos, colores, formas, brillos, oscuridades.
Una época que todos los días solía observar el cielo, fue días antes y meses después de la muerte de mi padre, sobre todo tras su muerte, como si quisiera ver algún mensaje suyo a través de los brillos y tonos tanto de atardeceres, como de amaneceres. Aún muchos días vuelvo la vista a él, pensando en si hubiera una señal que descifrar.
Casi ocho meses despues del fatal desenlace, y justo en el mismo lugar en que él nos dejó, observé este decorado, que aunque le puse atardecer infernal, no creo que tenga que ver con tal infierno, pero es mi deseo atisbar algún tipo de señal en este cuadro de la naturaleza, pero solo disfruté unos minutos, y ya está...
La belleza es breve, hay que saborear sus jugos mientras se nos pone a disposición. No sé si miro en exceso al cielo, pero disfruto con ello, puesto que sin leer, traduzco su poesía.

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